Caza / Las consecuencias de una afición
«Disparos» contra el Rey en Rumanía

La cacería de osos en la que participó Don Juan Carlos
el 8 de octubre a los pies de los Cárpatos ha
alcanzado niveles de escándalo, con debates
televisivos. Ha habido críticas contra el Rey, que
abatió varias piezas, y, de paso, contra España

Por Alexandru Petrescu

El Mundo (17/10/04, 11.46 horas)

La corte del kiraly Don Juan Carlos hizo una
sangrienta carnicería en la que abatió nueve osos
[ursus arctos] y un lobo, especies protegidas por los
convenios internacionales que Rumanía también firmó».
La cita está extraída de la información publicada el
12 de otubre por el Romania Libera. Y es que la
cacería que Don Juan Carlos disfrutó en la región de
Covasna entre el viernes ocho de octubre y el domingo
siguiente se ha convertido en Rumanía en eje del
debate político a escasa distancia de las elecciones
presidenciales.
Tanto es así que, el jueves, el programa de televisión
En la miga de las cosas organizó una tertulia en prime
time con participación de un ecologista, un
representante del Gobierno rumano, un miembro de la
Academia Catzavencu y el gerente de la firma Abies
Hunting, organizadora de la cacería, el polémico
empresario Sharkany Arpad. El programa tuvo una
audiencia similar a la del último debate Bush-Kerry. Y
el 91% de los televidentes que participaron en el
debate a través de mensajes sms condenaron la cacería
y tomaron posiciones en apoyo a las tesis ecologistas.

La batida comenzó en la tarde noche del viernes. Don
Juan Carlos llegó al aeropuerto de Otopeni en
Bucarest. Después, escoltado por 10 coches de la
policía rumana y varios vehículos de acompañamiento
protocolario, se desplazó en un Audi A-8 a la finca,
donde lo cambió por un 4x4. Las 15 personas que
formaban la partida se alojaron en Erdofule, una de
las 39 cabañas que el dictador Ceaucescu poseía en la
región.
La empresa contrató a 50 bateadores, a razón de cinco
euros por día cada uno, entre los que se infiltraron,
de paisano, varios miembros de la policía secreta.
También se preparó el clásico recibimiento folclórico
al monarca español, con lugareños vestidos con trajes
regionales que ofrecieron al Rey el agasajo de
bienvenida propio del país: pan, un puñado de sal y un
gura (trago) de palinca, un aguardiente elaborado con
ciruela.
La región de Covasna está a los pies de los Cárpatos,
hacia el corazón del mítico país que habitan
hombres-lobo y hombres-oso.A la confluencia de los
antiguos caminos de Bizancio y Occidente se le llama
Judetul Cosvana o Las Tres Sillas. Los rumanos, allí,
representan el 24% de la población. El resto son
secui, que se consideran descendientes directos de
Atila. Desde la caída del comunismo y el proceso de
devoluciones de tierras confiscadas por el antiguo
régimen, se han recrudecido los conflictos entre las
dos etnias que convivien en la región. La industria
maderera ocupa a buena parte de sus casi 300.000
habitantes.
Ahora proliferan empresas de vanatoare -caza- en la
zona. En la Cámara de Comercio hay inscritas una
treintena. Los aficionados locales se remontan a la
época de Ceaucescu para datar la primera ocasión en
que Don Juan Carlos se desplazó a Rumanía para aplacar
sus veleidades cinegéticas. Invitado por el propio
dictador.
Otilla Josiff Sherkany fue durante 30 años el director
político de la Asociación de Cazadores del distrito,
en la época comunista.Hoy se ha convertido en una
suerte de barón local, con 30.000 hectáreas de bosque
de su propiedad dedicadas a organizar cacerías. Ahora
el negocio ha pasado a manos de su hijo, Otilla Kiss
Sharkany: «Mi padre me dijo que fue Santiago Carrillo
el que le habló por primera vez al Rey de que en
Rumanía se caza de puta madre. Este año es la segunda
vez que lo tenemos como invitado. Estuvo en abril.
Ahora vino con cuatro norteamericanos, que pagaron
todo el viaje», declara a CRONICA. Entre los ilustres
huéspedes de Sharkany se cuentan Alain Delon y
familia, Hugo Boss o el ex ministro popular Francisco
Alvarez Cascos, afecto a la caza del urogallo.
La empresa Abies cobra 130 euros por cada jabalí joven
de hasta 50 kilos abatido; 200 euros por las hembras
de entre 230 y 400 kilos; aunque también influye en el
precio el tamaño de los colmillos de los animales:
hasta 12 centímetros, 270 euros; de más de 20, pueden
llegar a los 800 euros. También se paga por los
fallos: 100 euros por cada animal herido y no cobrado
y 50 euros por disparo errado. Aparte, claro, el
alojamiento. La caza de ojeo del oso cuesta 800 euros
por dos días y tres noches (hasta 7.000 euros con
trofeo). La caza de espera, incluido trofeo, cuesta
8.500 euros por tres días.

POLITICA Y ECOLOGIA

Demetre Janos es el elnok -presidente de la comarca- y
la única autoridad política rumana que participó en la
cacería real. Janos aceptó mantener una conversación
telefónica con CRONICA para comentar la polémica
nacional que se ha desatado a raíz de la visita
cinegética de Don Juan Carlos. «Su Majestad estuvo en
visita privada. No entiendo por qué los ecologistas
montan tanto jaleo. ¿Por qué no se manifiestan cuando
se mata el cerdo en Navidad, o en contra de que las
sopas se elaboren con gallinas? Este es un momento muy
importante para nuestra democracia. Tenemos elecciones
presidenciales y hay quien quiere sacar provecho
electoral de esta polémica».
Pero el tono del debate parece no ser sólo
precisamente ideológico.Uno de los televidentes del
exitoso programa En la miga de las cosas del jueves
preguntó:
-Si tenemos tantos osos, si nos sobran, ¿por qué no
los exportamos a España?
-Porque los mataría su Rey -respondió con ironía el
periodista Cornel Ivanciuc.
Para conocer el alcance de la masacre sobre esta
especie -el ursus arctos- protegida por la Convención
de Berna desde 2001, un grupo de periodistas rumanos
organizó una compra masiva de su carne. Conseguían con
facilidad una partida de 600 kilos, una cantidad
considerable si se tiene en cuenta que sólo se consume
el lomo. «Esto demuestra que en Rumanía hay una
matanza de osos constante. Europa tendría que hacer
algo», concluían los investigadores.
Nicolae Daramus, periodista de El Cotidianul,
publicaba también el 12 de octubre una airada protesta
contra la presencia del Rey, armado, a los pies de los
Cárpatos: «Los inmigrantes rumanos que van a
recolectar fresa al país de Don Juan son tratados como
homínidos, no como humanos. Ahora le llegó el turno a
los animales salvajes. Su Majestad de Borbón mató
nueve osos [las informaciones sobre el número de
animales abatidos difieren según las fuentes], entre
ellos una osa gestante. Otros dos animales quedaron
malheridos de bala azul». Después relaciona la actitud
del monarca español con la del «temible» Nikita
Kruschev, otro de los cazadores ilustres que visitó la
región allá por los años 50.
El periódico Rumanía Libre tampoco fue muy
condescendiente con Don Juan Carlos. Bajo un titular
que reza «Especies protegidas abatidas por el Rey de
España en Covasna», el periodista escribe
despectivamente: «Cincuenta bateadores pusieron bajo
las narices del Rey a 30 animales, de los cuales la
corte real abatió a nueve osos jóvenes de pequeña
puntuación, a una osa gestante y a un lobo».
Para el académico rumano Constantin Balaceanu Stolnici
y para el periodista de National Geographic Cristian
Lascu -ambos invitados por otro programa de
televisión- «al monarca español lo utilizaron,
seguramente, los gobernantes de Rumanía para legitimar
las matanzas de osos carpatinos. Sobre todo después de
que Jacques Chirac defendiera a los protectores de los
osos y criticara el laissez-faire del primer ministro
rumano, Adrian Nastase. Necesitaban que otro
mandatario europeo actuara de forma diferente». El
Palacio de la Zarzuela no ha querido comentar estas
reacciones.
Laszlo Szabo Szeley es el presidente de la Fundación
Aves, dedicada a la protección de la fauna salvaje de
Rumanía. Su organización elevó una protesta «contra la
matanza organizada del Gobierno rumano en honor del
Rey de España». «Utilizaron para el Rey los mismos
métodos que se usaban en época de Ceaucescu. Cuelgan
de los árboles con una semana de antelación animales
domésticos muertos por enfermedades contagiosas como
cebo. Los osos, acostumbrados a encontrar comida
fácil, acuden cada día hasta que el cazador de turno
los abate. Hemos observado que el 67% de los osos
padece triquinosis y otras enfermedades. ¡El Rey no
sabe en qué trinchera se metió! Madrid tiene como
símbolo un oso, pero en España no viven más de 20
animales. Los gobiernos comunista y poscomunista
rumanos dejaron matar entre 1989 y 2004 más de 2.600
osos. Eso tampoco lo sabrá el Rey». Ahora las balas
suenan en dirección contraria. Apuntan contra la
imagen de la Casa Real española en Rumanía.

 LOS PREDIOS DEL MONARCA
Polonia. Como Rumanía, es otro de los países a los que
Don Juan Carlos suele acudir a cazar. Y donde también
levanta polémica su presencia. Esta primavera, los
medios polacos y españoles se hicieron eco de la
ejecución de un bisonte europeo en la región de
Masuria. También se trata de una especie protegida,
entre otras razones porque se encuentra en peligro de
extinción.
Sierra de Gredos. En estos montes, donde el Monarca
español se dedica a la caza de la cabra montés al
rececho, cobró una de las especies más codiciadas para
los aficionados a la cinegética: un ejemplar de 120
kilos, y con una cornamenta que superaba el metro de
arboladura. El precio que un cazador paga por abatir
este tipo de piezas puede llegar a superar los 25.000
euros.
Encomienda de Mudela. Este coto de Ciudad Real, de
20.000 hectáreas, es el paraíso de los cazadores de
perdiz roja. Allí son habituales apellidos ilustres:
Abelló, Botín, Suárez Yllana, Amusátegui.Franco ya lo
usaba. Y Don Juan Carlos le tiene especial
predilección.
  
Quintanilla de Onésimo. El coto vallisoletano de
Florentino Azuaga también figura entre los preferidos
del Rey. Allí se caza jabalí, corzo y ciervo. Aunque
el Rey nunca ha ocultado su afición por la caza, este
año prefirió suspender su visita al coto cuando ésta
se hizo pública. ¿Una cuestión de imagen?